| Hoy te vi. Estabas ahí (...)tan distinto al mío, pero aun así te reconocí (...). Es pasado. Mi amor...El mejor recuerdo (Tu abrumadora sonrisa... ...TU TU TU! Quien la llamaba Jolanda.) Hoy, al fin... La yaga no arde, ya no daña. Mañana, tal vez, quemen, ardan sus llamas. ¿Hasta donde? ¿Y después? |
ROSA
jueves, junio 15, 2006
martes, junio 13, 2006
lunes, junio 12, 2006
gDdby
..........( x x )………
ni murt m vy a rndir¡¡¡¡…vcs...Nsinto...nda...pro...rcuerdo...mfmilia…mtu...prcius...gracs...grandalgmuy...sinto... nlocambiar...niyo...cossmas.Nolmomnto...slo...tktata...conmgocntar...aunq...amigs....pro...nonnca...by...cntigostará…
TÚ ¿QUIEN ERES?
| Eres tú, a quien hoy reconozco, pero yo no recuerdo. A quien yo infeliz intento hacer feliz. Si ayer te fuiste y hoy no estas, llega la melancolía se burla de mi y se va. Porque sabe que no eres mi destino. Porque sabe, que entre tus brazos me refugio, me cuido del mundo. me protejo de mi. Porque se, que bajo mis cortos brazos te quiero esconder. y que mis cortos brazos no te dejarían salir. Pero que tan cortos son, que no te pueden abrazar, cubrir, Que ni siquiera pueden refugiar a tu corazón, como refugian los tuyos al mió. Te quedo mal, te quedo debiendo. Sin embargo ahí estas, tan solemne amor, tan impaciente del 27 y tan paciente por mi. Eres tú quien ahora espera por mi Perdóname amor te confundí. |
domingo, junio 11, 2006
ASÍ ES
| Con siglos de estupor, con siglos de odio y llanto, con multitud de hombres amorosos y ciegos, destinados a la muerte; ahogándome en mi sangre, aquí, embrocado. Igual a aun perro herido al que rodea la gente. Feo como el recién nacido y triste como el cadáver de la parturienta. Los que tenemos frío de verdad, los que estamos solos por todas partes, los sin nadie; los que no pueden dejar destruirse Esos no importan, no valen nada, nada, que de una vez se vayan, que de una vez se mueran. A ver si es cierto: muérete.¡Muérete, Jaime, muérete! ¡Ah, mula vida,testaruda, sorda! Poetas, mentirosos, ustedes no se mueran nunca. Con su pequeña muerte andan por todas partes y la lucen, la lloran, le ponen flores. Se la enseñan a los pobres, a los humildes, a los que tienen esperanza. Ustedes no conocen la muerte todavía: cuando la conozcan ya no hablarán de ella, se dirán que no hay tiempo sino para vivir. Es que yo he visto muertos, y sólo los muertos son la muerte, y eso, de veras, ya no importa. Un desgraciado como yo no ha de ser siempre desgraciado. He aquí la vida. Puedo decirles una cosa por los que han muerto de amor, por los enfermos de esperanza, por los que han acabado sus días y aún andan por las calles, con una mirada inequívoca en los ojos y con el corazón en las manos ofreciéndolo a nadie. Por ellos, y por los cansados que mueren lentamente en buhardillas y no hablan, y tienen sucio el cuerpo, altaneros del hambre, odiadores que pagan con moneda de amor. Por éstos y los otros, por todos los que se han metido las manos debajo de las costillas y han buscado hacia arriba esa palabra, ese rostro, y sólo han encontrado peces de sangre, arena.... Puedo decirles una cosa que no será silencio, que no ha de ser soledad, que no conocerá ni locura ni muerte. Una cosa está en los labios de los niños, que madura en la boca de los ancianos, débil como la fruta en la rama, codiciosa como el viento:humildad. Puedo decirles también que no hagan caso de lo que yo les diga. El fruto asciende por el tallo, sufre la flor y llega al aire. Nadie podrá prestarme su vida. Hay que saber, no obstante, que los ríos todos nacen del mar. |
TU CUERPO A MI LADO
| Tu cuerpo está a mi lado fácil, dulce, callado. Tu cabeza en mi pecho se arrepiente con los ojos cerrados y yo te miro y fumoy acaricio tu pelo enamorado. Esta mortal ternura con que callo te está abrazando a ti mientras yo tengo inmóviles mis brazos. Miro mi cuerpo, el muslo en que descansa tu cansancio, tu blando seno oculto y apretado y el bajo y suave respirar de tu vientre sin mis labios. Te digo a media voz cosas que invento a cada rato y me pongo de veras triste y solo y te beso como si fueras tu retrato. Tú, sin hablar, me miras y te aprietas a mí y haces tu llanto sin lágrimas, sin ojos, sin espanto. Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas se ponen a escuchar lo que no hablamos. |
Jaime Sabines
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